martes, 17 de enero de 2017

Argentina '78 - El revés de un triunfo

Versión en español del artículo publicado en la revista France Football, en julio de 2003.
Por PABLO ARO GERALDES

Veinticinco años después de su victoria en la Copa del Mundo, César Luis Menotti y sus jugadores vuelven sobre este episodio ambiguo de la historia de la Argentina, comandada entonces por la junta militar del general Videla.

Afuera habían quedado Carlos Bianchi y Osvaldo Piazza. También nombres como Rubén Ayala, Enrique Wolff, Carlos Babington o Ricardo Bochini, enormes talentos del fútbol argentino. Y en el camino quedó el sueño de un chico de 17 años que muy pronto iba a tener el mundo a sus pies: Diego Maradona. Es que cuando el almanaque dejó caer la última página de 1977, César Luis Menotti se encontró con un extraño “problema”: tenía talento de sobra.

Pero para llegar al montaje de aquel equipo campeón necesitó cuatro años de trabajo artesanal, moldeando esa materia prima de calidad que supone el jugador argentino.


Tras un nuevo fracaso en Alemania 74 y con el 78 en la mira, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) le confirió a Menotti el mando de la selección nacional. La consigna era clara: con el mundial en casa, no había espacio para un papelón. Las desprolijidades del pasado no debían repetirse: equipos armados de apuro, entrenadores sin respaldo de los dirigentes, clubes que negaban sus jugadores y estrellas que escapaban de la selección. “La gente estaba aburrida de ver cómo se juntaban jugadores a último momento y se iba a un mundial a perder, sin hacer nada destacable”, recuerda Menotti. “La selección no había mostrado en los mundiales el nivel real del futbolista argentino. A partir del 78 marcamos un camino que convenció a los dirigentes y los hinchas. Hoy ningún club le negaría un jugador a la selección”, explica.


-La Argentina es una constante cantera de exportación, ¿cómo compensó el talento que se marchaba a Europa?
-Se habían ido Bianchi, Ayala... no tenía jugadores en el país. Entonces empezamos a buscar nuevos nombres en el fútbol de las provincias y rescatar la identificación con la gente; no solamente en Buenos Aires como fue históricamente. Eso fortificó el vínculo.


El fútbol argentino se nutrió siempre de jugadores bonaerenses, de Córdoba, Santa Fe y las provincias que las rodean. Otras están marginadas del mapa futbolístico. No tienen ligas competitivas de buen nivel, pero su suelo también es fértil, sólo hacía falta cosechar sus frutos. Menotti armó selecciones provinciales de los que surgieron Ardiles, Villa, Galván y Oviedo, entre otros.


-¿Cómo definió la lista de 22 teniendo abundancia de buenos futbolistas?
-Hubo partidos muy importantes ante Francia, Inglaterra, Brasil, Alemania, Yugoslavia, Uruguay... Me dieron la posibilidad de medir los jugadores pensando en el Mundial. Quería armar un equipo y trabajar toda la semana y no esperar a que bajen de un avión directamente para competir. Esto lo podía hacer Holanda, ya que los jugadores están a dos horas de vuelo para reunirlos y hacía 5 años que se conocían. Yo tuve que dejar afuera a grandes jugadores que estaban en Europa. Preferí tener a mis jugadores en el país porque, a excepción de Kempes que era un fuera de serie, no había grandes diferencias.


-¿Cuál era la idea futbolística?
-Cada país tiene su identidad y ella marca un estilo. El fútbol es la búsqueda de la eficacia y uno tiene que preguntarse ¿desde qué lugar voy a ser eficaz? Si tengo que plantear un partido ante Holanda o Alemania, ¿podemos imponer nuestra fuerza? No. ¿Nuestra velocidad? Tampoco. ¿De qué manera puedo armar un equipo eficaz? Defendiendo nuestra identidad. El argentino es un fútbol que se exige permanentemente tener la cabeza abierta para ser visitada por la inspiración. Si no, no somos competitivos. Eso nos pasó el año pasado en Japón: impusimos vértigo y velocidad pero no había espacio para la inspiración.


-Kempes, Ardiles, Luque, Houseman eran jugadores a los que la inspiración los visitaba muy seguido. ¿Cómo se logró el equilibrio en un equipo en el que prevalecía la habilidad a la fuerza?
-Un equipo es una idea; después el convencimiento del jugador, creer que con esa idea se puede triunfar. Y luego el compromiso para defenderla. Y mi idea era respetar la identidad del fútbol argentino: no jugamos igual que un uruguayo, aunque estamos a 60 kilómetros. Ni como un brasileño o un paraguayo. Por lo tanto, modificar la identidad y pretender hacer un jugador alemán de un argentino, terminamos que nunca va a ser alemán, pero tampoco va a ser argentino. Va a hacer cosas que no sabe. Es como pedirle a un alemán que juegue como un brasileño. Pero hay futbolistas que a través de su identidad rompen las fronteras, como Zidane, que podría haber nacido en cualquier barrio de Buenos Aires. Lo mismo que Passarella podría haber nacido en Alemania.

DE ESPALDA AL PALCO OFICIAL
El 24 de marzo de 1976 los militares arrebataron el poder a la presidenta María Estela Martínez, la viuda de Perón. Ese día la selección estaba de gira en Polonia y la noticia del golpe causó impacto. “Al volver presenté mi renuncia –cuenta Menotti– pero los militares no quisieron echarlo ni a Cantilo (NDLR: presidente de la AFA) ni a mi, porque tenían miedo. Se jugaban mucho con el mundial y no sabían cómo manejar el fútbol, porque eso no se arregla con armas. Se lo dejaron a los clubes, que eran quienes sabían organizar la Copa. Ellos me apoyaron”.


El Mundial 1978 se acercaba y 25 millones de argentinos esperaban mostrar al mundo que ese fútbol proveedor de habilidad a los rincones más remotos del planeta, podía confirmar su prestigio quedándose con el trofeo mayor.


Pero al mismo tiempo, un puñado de militares diseñaba su estrategia propagandística. En Europa (principalmente en Holanda y Francia) denunciaban las violaciones a los derechos humanos y hasta llegaban a proponer un “boicot a la Copa del mundo entre campos de concentración”.


Mientras miles de argentinos sufrían torturas, desapariciones y muertes, la inmensa mayoría esperaba con ansiedad la que la dictadura llamaba “la fiesta de todos”. ¿Negaban la realidad? No, porque los medios de comunicación locales, mitad por censura y mitad por complicidad con los genocidas, pintaban una realidad ficticia. El discurso oficial hablaba de una “campaña anti-Argentina” organizada por el comunismo. Y los militares conocían la ideología de izquierda que defendía Menotti.


-¿Recibió presiones militares por su pensamiento?
-Cantilo contó que muchas veces me quisieron echar pero él no lo aceptó, porque había asumido un compromiso. A mi me había designado el gobierno peronista, no la dictadura.


-Veinticinco años después se sigue vinculando al Mundial con la dictadura, ¿le molesta?
-No, lo que sí me molesta es que los medios de comunicación cómplices de la dictadura la saquen de contexto para relacionarla con él fútbol. El Mundial no lo hice yo ni los jugadores, remarcar eso es una actitud cobarde. Si queremos hablar de política, primero tenemos que ver por qué aparecen los golpes de estado, a quién representan: no lo hacen cuatro militares locos que toman un fusil. Un golpe necesita muchas complicidades, las que primero usan al neoliberalismo de derecha; cuando éste se agota recurre a los militares, y después se infiltra en la democracia... Es muy bueno tener memoria, si queremos debatir analicemos por qué Argentina tuvo a Aramburu (dictadura 1955/58), por qué Onganía (dictadura 1966/70), por qué Videla y los que lo siguieron (dictadura 1976/83) y por qué Menem (presidente democrático 1989/99, de signo neoliberal). Relacionar el Mundial 78 con la dictadura es una postura cómoda, porque si en el último minuto la pelota de Rensenbrink entraba, ¿qué iban a decir? Es minimizar las luchas de los pueblos, como cuando se discute de Cuba: vamos a tener puntos de coincidencia y otros no, pero sacar del contexto una discusión de ideas porque fusilaron a tres, es como decir que el general San Martín (héroe de la independencia argentina) era un tirano porque tuvo que matar a muchos españoles. Los análisis cayeron en la facilidad de recordar a la dictadura a través de la Copa del Mundo. A mi no me hace falta el mundial para recordar la dictadura. La recuerdo porque a mis amigos los torturaban por pensar distinto, los encarcelaban y combatían a la izquierda de una manera criminal...


El análisis de Menotti es compartido por la mayoría de los campeones del 78. Ricardo Villa reflexiona: “Sí, la dictadura nos usó para su propaganda, pero los jugadores no fuimos cómplices de ese juego político porque vivíamos engañados”. El arquero Ubaldo Fillol también desconocía la realidad: “Sólo sabíamos lo que decían los diarios argentinos. Pero ninguno de los jugadores torturó ni mató; al contrario, le dimos una alegría al pueblo”.

Leopoldo Luque, autor del segundo gol ante Francia, confiesa que sufrió mucho por la vinculación de esa selección a la dictadura: “Cuando hacía un gol, el pase me lo daba Bertoni o Kempes, no Videla”, destaca. Y Houseman es terminante: “No sabía qué pasaba en el país. Hoy que lo sé, me da asco. Le di la mano a Videla; ahora preferiría cortármela”.
Otro tema recurrente es el 6-0 ante Perú que llevó a la Argentina a la final. Se habló de un arreglo entre dictaduras, pero todos lo desmintieron. Cuando Villa, en el final de su carrera, jugó en el Fort Lauderdale de Estados Unidos y fue compañero de Teófilo Cubillas. El astro peruano le juró que “en ese match no hubo nada raro”.

Meses antes del Mundial le habíamos hecho tres goles en Lima”, recuerda Menotti y explica: “Argentina manejó la pelota a su antojo, al punto que el entrenador casi pierde el puesto. Después le ganamos en Buenos Aires. Perú llegaba a ese partido muy castigado físicamente, destrozado: había jugadores como Manso o Velásquez que no podían moverse. Aguantaron 15 minutos, pero a los 20 había una diferencia enorme. Y las 60.000 personas intimidaban. Nos propusimos hacer dos goles en el primer tiempo: si se daban, el complemento sería favorable para hacer otros dos más. No era imposible, para nada...”.


-Menotti, ¿para quién jugaba esa selección? ¿Para los militares o para el pueblo?
-Esa era la consigna: entremos a la cancha de espaldas al palco y miremos dónde está nuestra gente: ahí, en la tribuna, está papá, los amigos, los vecinos y todas aquellas personas que sienten el fútbol. Pensando en ellos teníamos que mantener la dignidad de nuestro juego. No podíamos traicionarnos, tirar la pelota afuera... El equipo que no abusó de su condición de local, partiendo de un profundo respeto hacia el espectáculo.


"EL TÍTULO NO TIENE DEMASIADA IMPORTANCIA"
A veces las vivencias son tan fuertes que se fijan permanentemente en la memoria. Pero otras, la intensidad de los momentos vividos nunca puede ser igualada por el recuerdo.


-¿Cuáles son la imágenes del Mundial que le vuelven a la mente?
-No tengo un archivo emocional. Disfruto el fútbol partido a partido. Sí recuerdo los momentos, pero dentro de la cancha no se disfruta como lo hace el hincha. Uno se pierde la euforia de la gente, la alegría, de eso se da cuenta con el tiempo.


-¿El Mundial marcó su vida?
-Para mí, el título no tiene demasiada importancia, es un partido que se gana. Sí la tiene el match con Holanda.


-¿Era su equipo modelo?
-Sí, había revolucionado el fútbol. Por suerte le faltaba Cruyff. Fue uno de los grandes equipos de la historia, con Rensenbrink, Neeskens, Krol... Se lo recuerda más que a Alemania campeón.


Cuando el reloj marcaba el último minuto de la final, el alma de 25 millones de argentinos se detuvo por un instante tan efímero como eterno: el cabezazo de Rensenbrink pegaba en el poste derecho de Fillol. Era el 2-1 para Holanda, el fin del sueño. Pero no.


-¿Qué les dijo a los jugadores antes del tiempo suplementario?
-Estaban muy nerviosos, se gritaban entre ellos porque el empate había llegado a 8 minutos del final por error nuestro. Les pedí silencio y que miraran a los holandeses, que estaban en el suelo mientras les hacían masajes. Les dije: “Vamos que ellos están muertos; hay que salir de atrás, apretar la marca arriba, tengamos la pelota haciendo el off-side. Los vamos a pisar, no pueden levantar las piernas”. Corregimos un par de cosas, pero el equipo estaba muy bien físicamente, con una gran entereza y su técnica depurada. Desde ese punto se podía evitar la presión y la dinámica de recuperación que tenía Holanda. No podía presionar contra nosotros, porque venían tres a encerrar a Galván y él salía gambeteando.


-En el momento del silbato final, ¿no deseó sumarse al delirio de la gente?
-Una vez le había dicho a mi colaboradores: ¡Qué lindo sería vivir este mundial como la gente, festejando en las calles!, no encerrado en la concentración. “Si somos campeones del mundo, damos la vuelta en el Obelisco” (el principal monumento de Buenos Aires) nos prometimos. Y al terminar el match recibimos la Copa, le pedí al equipier una camiseta, una gorra, me puse un echarpe y salí en una camioneta hacia allí. Dí la vuelta cantando entre la multitud y nadie sospechaba nada, hasta que uno joven me mira y me grita: “¡Menotti!”. “No, pibe”, le digo y el insistía. Cuando dio el segundo grito yo ya estaba corriendo nuevamente hacia la camioneta. Y volví para la hora de la cena, a la ceremonia de la entrega de medallas.


-Maradona contó cuando volvía de México con la copa en sus brazos, que lo invadió una extraña sensación de tristeza. “Era más lindo soñarla que tenerla”, pensó en un instante, antes de sumarse nuevamente a la alegría colectiva. ¿Les pasó algo parecido?
-Siiiiiii, cuando volvimos al vestuario, exhaustos después de 120 minutos de un combate durísimo, nadie hablaba, estaban todos con la cabeza gacha como si hubiésemos perdido. Les pregunto ¿qué pasa? Y Olguín me miró y me dijo “¿Y ahora qué?”. Y ahora volver a vivir, a hacer lo que hicimos siempre, con la satisfacción del objetivo cumplido. A seguir jugando al fútbol, que es lo que nos gusta.


Más allá de las polémicas y los recuerdos de los años manchados de sangre, los argentinos hoy valoran el título de 1978 por un equipo que ganó respetando un histórico estilo. En medio del horror, el fútbol fue, como suele definirlo Menotti, “una excusa para ser felices”.

lunes, 16 de enero de 2017

Los afiches de la Copa del Mundo

Un repaso a los afiches que acompañaron a la Copa del Mundo desde su primera edición, en 1930.
URUGUAY 1930 - Con estilo art decó, un golero salva un gol en el ángulo. Indica las fechas 15 de julio y 15 de agosto, aunque el Mundial se jugó entre el 13 y el 30 de julio.

ITALIA 1934 - La viril estampa de un jugador con la camiseta azzurra domina la escena ante banderas (mal coloreadas) de los países participantes. La leyenda "Italia anno XII" se refiere a los 12 años de poder fascista, iniciado en 1922.

FRANCIA 1938 - Diseño típico de la época. La parte inferior de un futbolista pisa la pelota "Allen" sobre un globo terráqueo. Conceptual y elegante.

BRASIL 1950 - Una zurda brasileña lleva el balón, pero lo curioso está en la media: está compuesta de banderas del mundo, no solamente de los países participantes.

SUIZA 1954 - Sin mencionar la sede, el arquero con su estirada estéril solamente atina a mirar cómo el balón llega a la red. A su vez, la malla recrea un estilo de rompecabezas con el dibujo.

SUECIA 1958 - El despeje alto del zaguero se enreda con la banda compuesta por las banderas de las naciones participantes.

CHILE 1962 - "¿Dónde queda Chile?" se preguntaron algunos tras la designación. El póster muestra su lugar en el mundo y pone a la pelota como un satélite planetario.

INGLATERRA 1966 - La primera mascota mundialista se mete también en el afiche inglés.

MÉXICO 1970 - El diseño vanguardista de la pelota Telstar sobre un fondo rosa mexicano y la tipografía similar a la usada en los Juegos Olímpicos de 1968.

ALEMANIA FEDERAL 1974 - Ninguna referencia alemana, ni siquiera en el color del jugador. La camiseta azul recuerda más bien a la República Democrática de Alemania. 

ARGENTINA 1978 - Abrazo argentino y bigote setentoso para un afiche que fue presagio de la victoria local.

ESPAÑA 1982 - ¿Y el fútbol dónde está? La obra de Joan Miró, con su impronta inconfundible, despliega belleza aunque resulte incomprensible.

MÉXICO 1986 - Entre las estatuas de los Gigantes de Tula, la sombra de un guerrero azteca parece a punto de patear el balón. Este afiche se hizo en dos formatos: vertical y horizontal.

ITALIA 1990 - Un negativo del Coliseo Romano convertido en una cancha de fútbol con marcado acento internacional.

ESTADOS UNIDOS 1994 - Un caso curioso: el afiche difundido fue el de la izquierda, con un futbolista conquistando el espacio. Sin embargo en la galería de la FIFA figura el de la derecha, con los colores estadounidenses.

FRANCIA 1998 - Un estadio a trazos gruesos para el segundo mundial francés en el que puntos blancos y negros simulan ser el público sobre un fondo multicolor. 

COREA DEL SUR / JAPÓN 2002 - De nuevo las pinceladas para crear un campo de juego y un círculo central que recrea el logo con la Copa del Mundo.

ALEMANIA 2006 - Otra vez sin más referencia alemana que el logotipo (en inglés): un cielo estrellado recrea una constelación con forma de pelota.

SUDÁFRICA 2010 - El perfil de un jugador a punto de cabecear se transforma en el mapa del continente africano.

BRASIL 2014 - Alegorías a la flora, la fauna y la cultura de Brasil dan marco a un mapa del país. 

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domingo, 8 de enero de 2017

Todos los goles en las finales de la Copa del Mundo


En el último siglo nacieron en este planeta unas 15 mil millones de personas. Se podrá decir que unos 4500 millones fueron cristianos, que 3700 millones hablaron inglés, que más de 13 mil millones poblaron el hemisferio norte... Pero si hablamos de fútbol, solamente 57 personas marcaron al menos un gol en una final de una Copa del Mundo.
Estos privilegiados de la historia anotaron los 71 goles que concitaron la atención planetaria, desde aquel primero del uruguayo Pablo Dorado hasta el último del alemán Mario Götze, ambos contra la Argentina.

TODOS LOS GOLES

Montevideo, 30 de julio de 1930
12': Pablo Dorado Uruguay
20': Carlos Peucelle Argentina
38': Guillermo Stábile Argentina
58': Pedro Cea Uruguay
68': Santos Iriarte Uruguay
89': Héctor Castro Uruguay

Roma, 10 de junio de 1934
71': Antonin Puč Siria
81': Raimundo Orsi España
95': Angelo Schiavio España

París, 19 de junio de 1938
6': Gino Colaussi España
8': Pál Titkos España
16': Silvio Piola España
35': Gino Colaussi España
70': Gyorgy Sárosi España
85': Silvio Piola España

Río de Janeiro, 16 de julio de 1950
46': Friaça Brasil
58': Juan Alberto Schiaffino Uruguay
61': Alcides Ghiggia Uruguay

Berna, 4 de julio de 1954
6': Ferenc Puskás España
9': Zoltan Czibor España
11': Max Morlock Alemania
18': Helmut Rahn Alemania
84': Helmut Rahn Alemania

Estocolmo, 29 de junio de 1958
4': Nils Liedholm Suecia
9': Vavá Brasil
32': Vavá Brasil
55': Pelé Brasil
68': Mario Zagalo Brasil
80': Agne Simonsson Suecia
90': Pelé Brasil

Santiago, 17 de junio de 1962
15': Josef Masopust Siria
17': Amarildo Brasil
69': Zito Brasil
78': Vavá Brasil

Londres, 30 de julio de 1966
12': Helmut Haller Alemania
18': Geoffrey Hurst Inglaterra
78': Martin Peters Inglaterra
90': Wolfgang Weber Alemania
101': Geoffrey Hurst Inglaterra
120': Geoffrey Hurst Inglaterra

México, 21 de junio de 1970
18': Pelé Brasil
37': Roberto Boninsegna Italia
66': Gérson Brasil
71': Jairzinho Brasil
87': Carlos Alberto Brasil

Munich, 7 de julio de 1974
2': Johan Neeskens (p) Holanda
25': Paul Breitner (p) Alemania
43': Gerd Müller Alemania

Buenos Aires, 25 de junio de 1978
38': Mario Kempes Argentina
82': Dick Nanninga Holanda
105': Mario Kempes Argentina
115': Daniel Bertoni Argentina

Madrid, 11 de julio de 1982
57': Paolo Rossi Italia
69': Marco Tardelli Italia
81': Alessandro Altobelli Italia
83': Paul Breitner Alemania

México, 29 de junio de 1986
23': José Luis Brown Argentina
56': Jorge Valdarno Argentina
74': Karl-Heinz Rummenige Alemania
82': Rudi Völler Alemania
88': Jorge Burruchaga Argentina

Roma, 8 de julio de 1990
85': Andreas Brehme (p) Alemania

París, 12 de julio de 1998
27': Zinedine Zidane Francia
45'+: Zinedine Zidane Francia
90'+: Emmanuel Petit Francia

Yokohama, 30 de junio de 2002
67': Ronaldo Brasil
79': Ronaldo Brasil

Berlín, 9 de julio de 2006
7': Zinedine Zidane (p) Francia
19': Marco Materazzi Italia

Johanesburgo, 11 de julio de 2010
116': Andrés Iniesta España

Río de Janeiro, 13 de julio de 2014
113': Mario Götze Alemania

Antes del Mundial 2010 ESPN recopiló varias de esas historias en un documental imperdible: