jueves, 24 de noviembre de 2016

Cinco clubes que "jugaron" en la Copa del Mundo

En cinco oportunidades, selecciones participantes en la Copa del Mundo cambiaron sus tradicionales colores nacionales por los de un club. Imprevisión de los utileros, confusiones y homenajes permitieron estas curiosas historias, algunas desconocidas.

Parte del artículo
Camisetalandia, publicado en la revista Fox Sports, en junio de 2006
Por PABLO ARO GERALDES 

ITALIA 1934

Austria enfrentaba a Alemania en Nápoles, en el partido por el tercer puesto. Contaba con una ausencia importante, su estrella Matthias Sindelar, por entonces el mejor jugador del mundo.
Ambos vistieron históricamente de blanco, pero el árbitro italiano Carrara se percató de ese detalle recién ese 7 de junio, en el Stadio Ascarelli. Tras algunos minutos de incertidumbre, buscaron en el fondo de un vestuario y los austríacos aceptaron con gusto el ofrecimiento del club local: cayeron 3-2 vistiendo una casaca azul que el Napoli utilizaba para entrenar; sus goles los anotaron Johann Horvath y Karl Sesta.
Mientras el alemán Fritz Szepan verifica el sorteo del árbitro Albino Carraro,
el capitán austríaco Johann Horvath lo observa, vistiendo la camiseta celeste del Napoli.

BRASIL 1950
El 2 de julio México se medía ante Suiza en el Estádio dos Eucaliptos, de Porto Alegre, y uno de los dos tenía que cambiar su camiseta roja. El comienzo se demoró 25 minutos, porque fueron a un sorteo y los aztecas resultaron favorecidos, pero igualmente declinaron el privilegio: los helvéticos jugaron de rojo y ellos utilizaron la azul y blanca que les prestó el Cruzeiro de Porto Alegre. Suiza ganó 2-1; el capitán Horacio Casarín marcó el tanto "del Cruzeiro gaúcho".
México y una particular casaca azul y blanca contra Suiza.

SUECIA 1958
Alemania Federal y Argentina debutaban en Malmö el 8 de junio, pero algo salió mal: la TV ya había llegado y los uniformes eran prácticamente iguales en la pantalla blanco y negro. Tras algunas demoras, la solución la aportó el IFK de esa ciudad: le prestó sus camisetas amarillas a los argentinos. Oreste Osmar Corbatta abrió el marcador a los 3 minutos, pero los germanos lo dieron vuelta y vencieron 3-1.
José Varacka, Oreste Corbatta y Pedro Dellacha escuchan los himnos de
Argentina y Alemania Federal. Visten la camiseta amarilla del IFK Malmö.

ARGENTINA 1978
Algo similar a lo de 1958 ocurrió en Mar del Plata el 10 de junio de 1978. Para enfrentar a Hungría, Francia cambió su casaca azul porque, en TV blanco y negro, podía confundirse con la roja de su rival. Pero los húngaros pensaron lo mismo y los dos aparecieron de blanco. El problema era que habían dejado el otro equipamiento en Buenos Aires y los galos jugaron con la extraña camiseta verde y blanca de Kimberley, club de Mar del Plata que se las acercó desde sus vestidores. Los jugadores se cambiaron dentro del campo de juego (foto). Por primera vez, la indumentaria prestada fue un amuleto: Francia ganó 3-1, con goles de Christian Lopez, Marc Berdoll y Dominique Rocheteau.
Tras 45 minutos de demora, los jugadores franceses se preparan
para enfrentar a Hungría, en su debut en el Mundial 1978.

ITALIA 1990
Otro que se mimetizó de club fue Costa Rica, pero no por accidente. Para enfrentar a Brasil el 16 de junio, en el Stadio Delle Alpi, los Ticos utilizaron el uniforme del desaparecido Club Sport La Libertad, decano del fútbol costarricense. Claro, la camiseta a rayas blancas y negras, el pantalón y las medias blancas son idénticos a la vestimenta de Juventus, por lo que la mayoría sospechó que se trataba de una suspicacia del técnico Bora Milutinovic para congraciarse con el público de Turín. Perdieron 1-0. Cuatro días después volvieron a usar las misma playera contra Suecia, en el Stadio Luigi Ferraris, de Génova y consiguieron un notable triunfo 2-1 que les valió el pasaje a octavos de final. Los goles fueron autoría de Roger Flores y Hernán Medford.
Turín se sorprendió al ver a los costarricenses de blanco y negro.
Pero no fue pensado para congraciarse con el público juventino.

martes, 22 de noviembre de 2016

1973 - El gol más triste de Chile

Hace 43 años, la selección trasandina tuvo que enfrentar a la Unión Soviética en un reprechaje para Alemania '74. El golpe de Pinochet, las denuncias del Kremlin y un partido que nunca se jugó.

Artículo publicado originalmente en la revista Fox Sports, en octubre de 2008.
Por PABLO ARO GERALDES

El camino al primer Mundial de Alemania, el de 1974, estuvo lleno de imprevistos para la selección chilena: el grupo eliminatorio que integraba con Perú y Venezuela quedó reducido a un simple partido y revancha tras la deserción de los venezolanos. Un 2-0 abajo en Lima y el resultado inverso en Santiago obligaron a un tercer partido de desempate, en Montevideo. En el estadio Centenario el triunfo fue 2-1 para Chile, pero los pasajes para la Copa del Mundo no estaban listos aún, faltaba una escala poco conocida. El fixture preveía una instancia más para el ganador del grupo 3 sudamericano: debía enfrentar en un último repechaje al vencedor de la zona 9 europea.Con los papeles en la mano, la amenaza tenía los colores de Francia, pero un empate inesperado de los galos ante la República de Irlanda en París dejó al equipo dirigido por Georges Boulogne en la obligación de vencer a la Unión Soviética en Moscú, pero el conjunto de la sigla CCCP en el pecho pegó fuerte y con el 2-0 hizo sonar el despertador en medio del sueño mundialista trasandino. La cita de los chilenos se programaba entonces para el 26 de septiembre de 1973, pero no en París, como imaginaban, sino en el Estadio Lenin de Moscú. Un país amigo. Con la mente puesta en el repechaje con los soviéticos, planearon una gira de preparación por Guatemala, El Salvador y México, que luego de varias escalas los llevaría a tierras rusas. La mano venía bien. Antes de partir golearon 5-0 a un combinado de Porto Alegre. La despedida se fijó para el 11 de septiembre a las 10 de la mañana, pero…

Chile vivía uno de los momentos más oscuros de su historia. El 11 de septiembre de aquel año la furia asesina de un general llamado Augusto Pinochet pisoteaba el mandato democrático del presidente Salvador Allende e imponía una de las dictaduras más crueles y sangrientas de la historia. Esa mañana, mientras el Palacio de la Moneda (sede del gobierno de Chile) ardía bajo los bombardeos y Allende moría intentando defender la voluntad popular, la selección chilena debía presentarse en el campo de entrenamiento de Juan Pinto Durán para ultimar detalles con vistas a la visita a Moscú. Esa práctica jamás llegó a realizarse. El lateral izquierdo Eduardo Herrera jugaba en Wanderers de Valparaíso y durante sus días en Santiago se hospedaba en el Hotel Carrera, a 100 metros del escenario del golpe de Estado. Él tiene fresca la memoria de esa mañana con olor a pólvora: “Al llegar al campo de entrenamiento el técnico Luis Álamos nos ordenó que volviéramos a casa. Pero yo tenía que llegar hasta el hotel y en el trayecto me detuvieron los militares una decena de veces: Me salvé de ser detenido porque tenía el bolso con la inscripción ‘Selección Chilena de Fútbol’”.

El fútbol del mundo siguió rodando normalmente en medio de dictadores y tiranos, de reyes despóticos y megalómanos con aires mesiánicos, incluso llegó a presenciar un Mundial en plena dictadura argentina, pero en aquel 1973 la Guerra Fría disparó un misil que dio de lleno en la pelota.
Durante el gobierno socialista de Allende, Chile mantuvo estrechas relaciones con el Kremlin y todo el bloque soviético. Con la irrupción de Pinochet y su dictadura apoyada desde los Estados Unidos hubo cambios: once días después del golpe, la Unión Soviética rompió relaciones diplomáticas con Chile, le ordenó a su personal diplomático que regresara al país y decretó el cierre de la embajada chilena en Moscú.

Víctor Jara y Pablo Neruda
Al márgen de la cordillera todo era dolor y desconcierto. Tres días después del golpe era asesinado el cantautor Víctor Jara, una de las voces representativas de los trabajadores chilenos. Más lágrimas siguieron cayendo cuando el 23 de septiembre el poeta Pablo Neruda se murió rodeado de otras muertes y desapariciones, víctima de un cáncer que no le dio tregua. Y lo enterraron en soledad, sin sus amigos ni sus camaradas del Partido Comunista, todos perseguidos, en una tumba del cementerio General de Santiago, lejos de su amada playa de Isla Negra y su Premio Nobel de literatura.
El fútbol era lo de menos por entonces, pero la Selección Chilena conducida por Álamos debía viajar hacia Moscú para cumplir su compromiso eliminatorio en medio de un clima sumamente hostil. Jugadores como Carlos Caszely y Leonardo Véliz, puntales del equipo y muy identificados con el gobierno socialista, temían por la suerte de sus familiares mientras ellos estuvieran de viaje.
El encuentro corría riesgo de no jugarse porque la dictadura decretó que no se podía abandonar el país. La Federación de Fútbol de Chile debía acatar la medida, pero el médico de la Selección, Dr. Jacobo Helo, resultó ser una influencia decisiva para que los chilenos pudiesen jugar en terreno moscovita: era medico personal del general Gustavo Leigh, Jefe de la Fuerza Aérea, y convenció al alto mando militar de que la participación del equipo favorecería la imagen internacional del gobierno militar. Finalmente, la Junta permitió el viaje, vía Buenos Aires. El largo sufrimiento comenzaba para muchos de los jugadores, amenazados. Les advirtieron sin eufemismos: “Si hablan, sus familias sufrirán las consecuencias”. El vuelo hizo escalas en Sao Paulo, Río de Janeiro y Panamá hasta que finalmente llegó a México. Una victoria 2-1 ante los aztecas sirvió como un relax para afrontar el siguiente tramo hacia Suiza (triunfo sobre el Xamax Neuchatel) y finalmente poner rumbo a Moscú.

El clima era terriblemente hostil. Antes de subir al último avión, los jugadores chilenos sintieron el miedo en carne propia cuando les advirtieron que si ingresaban a la URSS serían tomados como rehenes para cambiarlos por presos políticos de Chile.
Ya en Rusia, todo se agravó en la víspera del match, cuando el gobierno de los Estados Unidos reconoció oficialmente a la Junta Militar chilena. Para los rusos, el enemigo estaba de visita y buscaron hacerlo notar. Apenas llegados al aeropuerto Sheremetyevo, Caszely y Figueroa fueron retenidos algunas horas “por diferencias en las fotos de sus pasaportes”. Eran sólo jugadores de fútbol, pero para los soviéticos eran los representantes del país que derrocó al gobierno socialista.

Y así fue que el 26 de septiembre, a sólo dos semanas del golpe en Chile, el Estadio Lenin presenció un pálido cero a cero en medio de un frío inusual para el otoño que recién comenzaba: 5 grados bajo cero. Las actuaciónes notables de los centrales Elías Figueroa y Alberto Quintano hicieron posible el empate sin goles, pero hubo algo más que la gran tarea defensiva: Hugo Gasc, el único periodista chileno que estuvo en Rusia, contó alguna vez: "Por suerte el árbitro era un anticomunista rabioso. Junto a Francisco Fluxá, el presidente de la delegación, lo habíamos convencido de que no nos podía dejar perder en Moscú, y la verdad es que su arbitraje nos ayudó bastante". Igualmente, las actuaciones defensivas hicieron posible la igualdad y le pintaron a los chilenos un alentador panorama para la revancha en Santiago, pactada para el 21 de noviembre, en el Estadio Nacional de Santiago. Pero...


Otra vez “pero”. En el barrio de Ñuñoa, el Estadio Nacional se había convertido en algo más que el escenario de encuentros deportivos. Aunque la mayoría de los chilenos lo ignoraba (por censura de algunos medios y complicidad de otros) en las tribunas blancas, los militares habían montado un insospechado campo de concentración. El testimonio de Felipe Agüero, quien fuera prisionero allí, hiela la sangre: "Las salas de tortura bajo la marquesina, las lúgubres formaciones de prisioneros regresando del velódromo, los túneles malolientes camino a las sesiones de electricidad, los ancianos tropezando a golpes de culata por las graderías, todo aquí aludía al Infierno del Dante. El descenso a cavidades cada vez más profundas de horror y maldad, que nunca tocaba fondo. Aquí Chile conectó por primera vez con su propio infierno".

Gregorio Mena Barrales era Gobernador de la localidad de Puente Alto –vecina a Santiago– por el partido socialista cuando fue detenido y trasladado al Estadio. Años después él relató: “Todos los días dejaban libres a veinte, cincuenta personas... Los llamaban por los altavoces. Los encuestaban. Les obligaban a firmar un documento declarando ‘no haber recibido malos tratos en el Estadio’ (aunque algunos aún lucieran muestras de las torturas y los golpes). Todos firmaban, era el precio que había que pagar. Muchos volvieron a caer (nadie es libre en una dictadura y menos en una como la chilena). La mayoría de ellos se incorporaba a la lucha clandestina. Todos esperábamos oír nuestro nombre alguna vez en las ‘Listas de Libertad’, era lógico y legítimo. No éramos culpables de otra cosa que la de ser defensores de legitimidad constitucional. Sin embargo cerca de mil quinientos nunca fuimos llamados.
Con el correr de los días las graderías se fueron despoblando: muchos libres, otros asesinados en las noches y un par de suicidas...".


Y el partido no empezaba...
En medio del tormento, los militares cuidaban con tanta dedicación a sus prisioneros como al campo de juego. “El match de fútbol con la Unión Soviética debía realizarse allí, por ello cuidaban el césped con más cariño que el que le daban a una ametralladora”, destacó Mena Barrales, mientras recordaba que esa comisión de la FIFA y de la Federación de Fútbol de Chile “visitó el campo, se paseó por la cancha, miró con ojos lejanos a los presos y se fue dejando un dictamen: ‘En el estadio se podía jugar’”.

Conscientes del uso que le daban los militares al Estadio Nacional, en un momento las autoridades del fútbol chileno le propusieron al gobierno de Pinochet jugar la revancha en el Sausalito, de Viña del Mar, pero la Junta insistió con que debía jugarse en el Nacional, para mostrarle al mundo una cara pacífica de Chile. Francisco Fluxá era presidente de la Asociación Central de Fútbol (ACF) desde febrero de 1973 y le contó en los años noventa al diario La Tercera que “entonces, los militares nos dijeron que no teníamos que decir que el Estadio Nacional era un ‘centro de tránsito, donde se identificaba a la gente que no tenía documentos’. Y para evitar problemas, propusimos el Sausalito como alternativa. Me comuniqué con el general Leigh y me explicó que ‘por órdenes de arriba no se puede en Sausalito: se juega en el Nacional o no se juega’”.
Sí, esta comitiva (integrada por el vicepresidente Abilio D’Almeida, brasileño, y el secretario general Helmuth Kaeser, suizo) visitó Chile el 24 de octubre y se quedó 48 horas en Santiago. Los militares limpiaron con esmero todo rastro de sangre, todo vestigio de tortura, aunque es muy probable que, amparados por su impunidad, hayan dejado algunos detenidos a la vista, sabiendo que la FIFA no sospecharía de esas personas.

Los inspectores visitaron el estadio en el que permanecían aún unos 7 mil detenidos. Finalmente, estos emisarios ofrecieron una conferencia de prensa con el ministro de defensa, almirante Patricio Carvajal, a quien le obsequiaron un traba-corbata y un prendedor de oro con el logo de FIFA: “El informe que elevaremos a nuestras autoridades será el reflejo de lo que vimos: tranquilidad total”. El emisario brasileño se permitió aconsejar a los usurpadores del poder: “No se inquieten por la campaña periodística internacional contra Chile. A Brasil le sucedió lo mismo, pronto va a pasar”.
La FIFA había dado el OK. Pero claro, les habían ocultado el horror. “Después supimos que mientras estaba la gente de la FIFA en el estadio, varias decenas de detenidos fueron encerrados en pequeños camarines, con el fin de ocultarlos. Pero lo importante para nosotros era que el Nacional pasara la revisión”, decía casi treinta años después el ex dirigente Fluxá, quien como única autocrítica aceptó que en el afán de ir al mundial se cometieron actos “éticamente cuestionables”“Ahora pienso que no fue ético negar que en el Estadio Nacional había detenidos, pero en ese momento lo único que pensábamos era en llegar al Mundial de Alemania”, concluyó.
Sí, a pesar de todo el dolor, y de los reclamos soviéticos ante la FIFA (inclusive Bulgaria, Polonia y la Alemania Oriental amenazaron con boicotear el Mundial, cosa que finalmente no hicieron), Ñuñoa esperaba el repechaje para la Copa del Mundo Alemania 74. Pero...

Los soviéticos se negaron a viajar a Santiago, en un manifiesto repudio al régimen de Pinochet. Uno de los integrantes de aquel equipo soviético era el ucraniano Oleg Blokhin, quien no tiene buenos recuerdos de aquella eliminatoria: “Estuve presente en el 0-0 jugado en Moscú. Pero hablamos con el plantel y decidimos no jugar la revancha. No quisimos hacerlo porque estaba Pinochet en el gobierno. Para nosotros era peligroso viajar a Chile y le llevamos nuestra preocupación a la federación de fútbol. Al final se decidió abandonar la eliminatoria”. El Kremlin apoyó la decisión. Blokhin fue hasta 2006 diputado por el partido socialdemócrata de Ucrania a la vez que dirigió a la Selección nacional en Alemania 2006. Hoy es el técnico del Dínamo de Kiev.

La Federación de Fútbol de la Unión Soviética divulgó un comunicado para explicarle al mundo que no disputarían un match allí donde miles de supuestos opositores al régimen de Pinochet habían sido torturados y asesinados: “por consideraciones morales los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los patriotas chilenos (...) La Unión Soviética hace una resuelta protesta y declara que en las actuales condiciones, cuando la FIFA, obrando contra los dictados del sentido común, permite que los reaccionarios chilenos le lleven de la mano, tiene que negarse a participar en el partido de eliminación en suelo chileno y responsabiliza por el hecho a la administración de la FIFA”, explicaba la nota difundida a través de la agencia UPI.

Ante esta negativa, un integrante del Comité Ejecutivo de la FIFA se animó a vociferar: “Si Granatkin (presidente de la federación soviética) dice que el Estadio Nacional está ocupado con detenidos, yo saco una carta en la cual el Gobierno de Chile asegura que varios días antes del 21 de noviembre ese escenario estará a disposición del fútbol”. No les importaba nada, ni la sangre, ni la tortura, ni la muerte. La farsa debía continuar.

La noticia de la suspensión del partido llegó a la selección chilena en la medianoche previa al encuentro. El delantero Carlos Caszely hoy lo recuerda: “Esperábamos en la concentración de Juan Pinto Durán cuando nos comunicaron que los soviéticos no vendrían. Todo aquello, para quienes estábamos comprometidos con la libertad era de una tristeza terrible. Los familiares de los desaparecidos se me acercaban y me pedían: ‘Chino, tu que estarás en el estadio, por favor, averíguate si está mi hijo, o mi compañero de la universidad”.

El delantero Leonardo Véliz tiene memorias horribles de aquella tarde del 21 de noviembre. “Fue escalofriante. Creo que aún había rastros de lo que había acontecido en los vestuarios y fue algo muy difícil de asumir”, recordó 30 años más tarde.

Desde fines de octubre ya no quedaban detenidos bajo los graderíos del estadio. A la hora señalada, Chile y el árbitro local Rafael Hormazábal salieron al campo de juego. Era puro formalismo, para obtener el paso al mundial por descalificación de los soviéticos. La parodia se completó con una banda de Carabineros tocando el himno chileno mientras se izaba la bandera nacional.

Los jugadores de rojo –qué paradoja– sacaron del medio y trotaron torpemente pasándose la pelota ante un arco vacío. Hasta que Francisco Valdés, el Chamaco, llegó a la línea y esperó a que los fotógrafos enfocasen bien para empujarla de derecha. Tremenda payasada tenía un objetivo: Chile estaría en el Mundial Alemania ’74. Para otros, se trataba de una victoria del régimen pinochetista sobre el comunismo soviético.

Después, para entretener a las 18.000 personas que habían comprado su ticket, se improvisó un amistoso ante Santos de Brasil, que estaba en Chile. En vez de festejar la clasificación a la Copa del Mundo, se volvieron a casa con la amargura de un 0-5 humillante.
Igual, Chile tuvo que esperar hasta el 5 de enero de 1974. Ese día la FIFA aprobó su participación en la Copa.

Entre el público que había ido a ver Chile-Unión Soviética estaba Mena Barrales, que volvía al estadio, ahora sin cadenas ni mordazas. “Fuimos los espectadores más ‘fanáticos’. Esperamos sentados, a la fuerza, un partido que nunca se efectuó".


La Selección Chilena participó en el Mundial de Alemania y se despidió sin ganar ningún partido. Tampoco consiguió victorias en sus dos participaciones siguientes, España ’82 y Francia ’98.
En enero de 1998, en su hogar adoptivo de Austria, Mena Barrales esperaba la Copa del Mundo de Francia. Imaginaba viajar a Saint-Etienne para ver Chile-Austria, sus tierras queridas. Pero la muerte, la misma que esquivó bajo las gradas del Estadio Nacional, esta vez se acordó de él. Ya no existían la Unión Soviética ni la Guerra Fría.
La dictadura de Augusto Pinochet se prolongó hasta el 11 de marzo de 1990.
video

viernes, 18 de noviembre de 2016

65 años de fútbol por TV

Hace 65 años la televisión argentina se metía por primera vez en una cancha de fútbol. Con esas imágenes pioneras de San Lorenzo y River Plate comenzaba una unión que se convertiría en inseparable. El primer goleador de la pantalla chica, un camarógrafo improvisado y una historia que no para de crecer.

Publicado en la revista El Gráfico, en noviembre de 2011 (en ocasión de los 60 años)
Por PABLO ARO GERALDES / Ilustración: FERNANDO DELMONTE


En la tarde soleada del 18 de noviembre de 1951, del relato de Ernesto Veltri no surgió ninguna frase memorable ni nacieron muletillas pegadizas. Tampoco en los comentarios de Enzo Ardigó y Raúl Goro, quienes lo acompañaban en la transmisión, pero había algo especial en la narración de aquel San Lorenzo-River: junto a sus voces, unos mil trescientos hogares porteños recibieron por primera vez las imágenes televisadas de un partido de fútbol. Eran pocos, comparados con las 70 mil personas que colmaban el viejo Gasómetro, pero fueron testigos privilegiados de una novedad tecnológica que no conocería límites en su crecimiento.
LR3 Radio Belgrano TV. En marzo de 1956 cambiaría
su nombre por LS82 TV Canal 7.
Un mes antes, el 17 de octubre, el balcón de la Casa Rosada y la voz de Eva Perón se habían convertido en la primera transmisión televisiva de la Argentina. Todo gracias a la visión de Samuel Yankelevich, el hombre que introdujo la televisión al país y que en esa 33ª fecha (la penúltima del campeonato) dirigió la transmisión desde el inmenso camión de exteriores estacionado en Avenida La Plata al 2000. Extraño modelo de colectivo habrán pensado algunos hinchas, desprevenidos, pero era el móvil que él y su padre Jaime habían traído desde los Estados Unidos, junto a la antena, los cables, las cámaras y todo lo necesario para crear lo que se llamó LR3 Radio Belgrano TV y luego se convirtió en Canal 7.
Don Jaime era un inmigrante búlgaro que en los años 20 había creado “Casa Yankelevich”, su empresa dedicada a la importación y armado de radios. Cuando comenzaron a emitir las primeras “estaciones de radiodifusión”, fundó Radio Belgrano, en 1923. En ese 1951, los Yankelevich estaban decididos a hacer historia, no solo con los medios electrónicos de comunicación, estaban escribiendo la primera página vinculada al deporte.


Pero volvamos a Boedo. Muchos no repararon en ese camión ni en los cables que salían de él, preocupados por mojar un pañuelo y anudarlo en la cabeza, para soportar la tarde de primavera que se despachaba con una temperatura de 35 grados. Tampoco se detuvieron a observar las tres cámaras (dos desde el borde de la cancha y una desde lo alto de la platea) que apuntaban al campo de juego. Era muy importante el clásico y estaba en juego la punta del torneo como para fijarse en detalles. River llegaba a esa penúltima jornada con 40 puntos, dos menos que el líder Banfield, que tenía fecha libre, y uno menos que Racing, que visitaba a Atlanta en Villa Crespo. Era la oportunidad para ese equipo con nombres rutilantes, como Vernazza, Amadeo Carrizo, Walter Gómez, Labruna o Félix Loustau...

UNA MARAVILLA
En la humedad del vestuario, un joven sanjuanino que hacía poco había llegado de su provincia, esperaba por su debut en la Primera de San Lorenzo. No podía creer la cantidad de gente que había en Boedo, pero no estaba nervioso. Y lo demostró a los diez minutos del encuentro, cuando superó con un cabezazo no muy lucido a Héctor Ferrari y al gran Amadeo Carrizo para meterse en la historia; no porque se haya convertido en ídolo de la hinchada azulgrana, sino porque el suyo fue el primer gol captado por la televisión argentina.

José Maravilla
“Yo ni sabía que se iba a televisar, y aquel día estaba pendiente del debut y no recuerdo haber visto ninguna cámara; es que había tanta gente que no se podía notar”, recordó décadas después José Maravilla, aquel entreala derecho que anotó el primer gol que surcó el éter, como decían los speakers por esos tiempos. Maravilla, que murió hace dos años, había dialogado con El Gráfico hace una década, cuando el fútbol y la televisión celebraban sus bodas de oro:

-¿En ese momento significó algo especial el gol o solamente fue tomando importancia con el paso de los años?
-Ni sabíamos... Ese día fue un partido más. Esto del primer gol lo supe años después, hablando con Amadeo en la cancha de Los Andes, porque en una revistita de Lomas de Zamora había salido algo. Ahí nos enteramos juntos de que ese era el primero televisado y que nosotros éramos los protagonistas.

Como no existía el videotape, Maravilla nunca pudo ver su gol. La única posibilidad por entonces la daban las cámaras cinematográficas de Sucesos Argentinos, ese memorable noticiero que hacía de aperitivo para las películas en el cine. Pero el que tampoco lo vio fue el camarógrafo que enfocaba la tribuna desde arriba, un muchacho que hacía menos de un mes había entrado a trabajar al canal, llamado Nicolás del Boca y que más tarde se convertiría en un exitoso director de cine y televisión, sobre todo dirigiendo a su hija, Andrea del Boca.

Nicolás iba a ser asistente de cámara principal en aquella transmisión, que tomaba el partido desde la mitad de la cancha, en lo alto de la popular. Pero el destino quiso que terminara siendo el cameraman. “Eduardo Celasco, uno de los camarógrafos, bajó a comer algo antes de que comenzara el partido y yo me quedé cuidando la cámara. Claro, la popular se fue llenando y en un momento no cabía ni una aguja. Cuando Celasco quiso subir, la multitud no lo dejó y tuve que manejar la cámara yo”, recuerda Del Boca, y cuenta: “en la tribuna, los hinchas preguntaban qué era la cámara, querían saber. En la calle Florida habían puesto varios televisores y se juntó gente. Fue una necesidad comercial, nosotros no teníamos mucho conocimiento. Si hubiéramos tenido consciencia no se habría hecho televisión en el país, pero en esa época todo era posible”.
Y sigue: “En un momento perdí de vista a la pelota y enfoqué el arco de River. Unas milésimas de segundo después, Maravilla hizo un gol. Se dijo que la tv había visto primero el gol, antes que los hinchas, pero fue pura suerte”. A los 30 del segundo tiempo, Vernazza empató, de penal, y selló el 1-1.

Pese al debut auspicioso en esa tarde histórica, aquella fue la única vez que Del Boca comandó una cámara en un estadio. River no pudo alcanzar a Banfield y a Racing, que terminaron definiendo el título en un desempate. Pero esa es otra historia.

lunes, 14 de noviembre de 2016

El primer gol de Diego Maradona


El 14 de noviembre de 1976, en Mar del Plata, Diego Maradona convirtió a los 42 minutos del segundo tiempo su primer gol oficial con la camiseta de Argentinos Juniors, un zurdazo cruzado frente a San Lorenzo, de esa ciudad. Dos minutos después convertiría otro tanto más, ambos al arquero Rubén Alberto Lucangioli.

Las imágenes remiten al viejo estadio San Martín y a un partido que concluyo con victoria 5-2 para el cuadro de La Paternal: Carlos Álvarez anotó los otros tres tantos del conjunto visitante. Apenas 1355 espectadores pagaron su entrada aquella tarde.

Por la 11ª fecha de Nacional, con la camiseta número 15 Maradona reemplazó a Giordano y el partido cambió el rumbo. "En el segundo tiempo, ingresó en Argentinos el juvenil Maradona, y allí cambió la fisonomía del vencedor. El ingresante fue el gestor de los continuos avances de su equipo. Maradona completó su tarde excepcional convirtiendo los dos últimos tantos", decía la crónica del diario Clarín. Su colega Segundo César Cheppi del diario La Capital escribió: “La entrada del juvenil Diego Maradona tuvo una importancia decisiva y dio muestras de su tremenda  habilidad e inteligencia...”.

Diego había debutado el 20 de octubre, a diez días de cumplir 16 años, frente a Talleres, de Córdoba. De ese encuentro, en el que también ingresó en la segunda mitad, se recuerda un caño a Juan Domingo Cabrera, aunque fue derrota por 0-1. Luego Maradona jugó como titular contra Newell's Old Boys y Ferro Carril Oeste y como suplente ante Huracán de Comodoro Rivadavia.

El segundo, por encima del arquero Lucaglioli.

FICHA
San Lorenzo (Mar del Plata) 2: Lucangioli, Casariego, Fortunato, Moreno, y F. Aquino, C. Martínez, Larroquet y Mascareño; Galay, Eresuma y Miccio. DT: Benicio Acosta
Argentinos Juniors 5: Munutti, Roma, Gette, Fusani y Minutti: Fren, Di Donato y Giordano; J. López, C. Alvarez y Hallar. DT: Jorge Enrico.
Goles: PT: 16' Carlos Alvarez; 33' Norberto Eresuma. ST: 15' y 25' C. Alvarez, 28' Miccio, 42' y 45' Maradona.
Cambios: Segundo tiempo: inicio Maradona por Giordano; 20' Montres de Oca por Casariego y Capra por Galay (S.Lorenzo); 43' Ingaramo por Fren.
Árbitro: Jorge Galve.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Historial de la Copa de Campeones África

La CAF Champions League es el torneo de clubes más importante de África, organizado por la Confédération Africaine de Football desde 1965. En la temporadas 2002/03 la Copa de Campeones tornó en Champions League, imitando el formato europeo. Al Ahly, de El Cairo, es el club que más veces la conquistó: 6. Los egipcios son, también, los que más festejaron, ya que en 14 oportunidades el trofeo quedó en manos de un equipo de ese país.

TODOS LOS CAMPEONES
1965 Oryx Douala
1966 Stade (Abidjan)
1967 Tout Puissant Englebert (Lubumbashi)
1968 Tout Puissant Englebert (Lubumbashi)
1969 Ismaili
1970 Asante Kotoko (Kumasi)
1971 Canon Yaoundé
1972 Hafia (Conakry)
1973 AS Vita Club (Kinshasa)
1974 CARA Brazzaville
1975 Hafia (Conakry)
1976 MC Algiers
1977 Hafia (Conakry)
1978 Canon Yaoundé
1979 Union Douala
1980 Canon Yaoundé
1981 Jeunesse Electronique Tizi-Ouzou
1982 Al-Ahly (Cairo)
1983 Asante Kotoko (Kumasi)
1984 Zamalek (Cairo)
1985 Forces Armées Royal Rabat
1986 Zamalek (Cairo)
1987 Al-Ahly (Cairo)
1988 Entente Plasticiens Sétif
1989 Raja CA Casablanca
1990 Jeunesse Sportive Kabylie
1991 Club Africain (Tunis)
1992 Wydad AC Casablanca
1993 Zamalek (Cairo)
1994 Espérance Sportive de Tunis
1995 Orlando Pirates (Soweto)
1996 Zamalek (Cairo)
1997 Raja CA Casablanca
1998 ASEC (Abidjan)
1999 Raja CA Casablanca
2000 Hearts of Oak (Accra)
2001 Al-Ahly (Cairo)
2002 Zamalek (Cairo)
2003 Enyimba (Aba)
2004 Enyimba (Aba)
2005 Al-Ahly (Cairo)
2006 Al-Ahly (Cairo)
2007 Etoile du Sahel
2008 Al-Ahly (Cairo)
2009 Tout Puissant Mazembe (Lubumbashi)
2010 Tout Puissant Mazembe (Lubumbashi)
2011 Espérance Sportive de Tunis
2012 Al-Ahly (Cairo)
2013 Al-Ahly (Cairo)
2014 Entente Sportive Sétif
2015 Tout Puissant Mazembe (Lubumbashi)
2016 Mamelodi Sundowns

CAMPEONES POR PAÍSES
Egipto - 14
RD Congo - 6
Camerún - 5
Marruecos - 5
Argelia - 4
Túnez - 4
Ghana - 3
Guinea - 3
Sudáfrica - 2
Costa de Marfil - 2
Nigeria - 2
Congo - 1

domingo, 6 de noviembre de 2016

Todos éramos del Napoli

El fútbol era otro. Italia era la meca del fútbol mundial a la que solamente accedía un puñado de figuras de primerísimo nivel mundial: Platini, Elkjaer-Larsen, Boniek, Falcao... y se sumó Maradona. No había lugar para jugadores de segundo orden, estrellas de países emergentes ni pasaportes italianos que aparecían mágicamente. Para jugar en el calcio había que ser un crack en serio.

El fútbol era otro. Nosotros éramos otros. Adolescentes encantados con la magia de Diego, inmediatamente sumamos nuestra adhesión al Napoli a la que ya teníamos por el Barcelona. El Milan tenía un cuadro espectacular, la Juventus desplegaba un fútbol impresionante, el Inter imponía su presencia en cualquier estadio, pero nosotros no nos sumábamos a los carros triunfales, simplemente nos hicimos del Napoli por amor a él.


A mediados de los ’80 no se podía ser argentino sin ser del Napoli. Esa camiseta celeste, tan poco acostumbrada a los éxitos, convocaba desde la presencia de Diego. El modesto equipo del sur de Italia no proponía el mismo brillo que las grandes squadras del norte, pero tenía a Maradona, como un alquimista que podía materializar los sueños más imposibles.
Lejos estaba el periodismo en aquellos años de escuela secundaria, en los que el fútbol invadía todos los espacios de conversación. Los interminables debates entre compañeros de Boca y de River, de Independiente y de Racing, de San Lorenzo y todos los demás encontraban un nuevo punto de hermandad semanal: todos éramos del Napoli.

No había todavía televisión por cable, pero uno de los canales de Buenos Aires transmitía cada domingo el fútbol italiano. Y entonces, muchas horas antes de que nuestros equipos salieran a la cancha, cuando el fútbol se jugaba completamente en domingo, dejábamos el desayuno familiar, la misa en la Iglesia o los paseos tradicionales: allí estábamos todos frente al televisor, como tifosi napolitanos a once mil kilómetros del estadio San Paolo esperando una gambeta, una locura de Diego, un gol para gritarlo hasta la afonía. No importaba si la transmisión traía las imágenes de Milan-Udinese, allí estaríamos todos esperando que sonaran las trompetas con el anuncio “Napoli in vantaggio” para alegrarnos como si se tratase de un gol de nuestro equipo de siempre.

El Mundial de México selló para siempre nuestro amor con Diego Maradona. Si aquella selección pudo conquistar la Copa del Mundo a partir del brillo del número 10, la Serie A invitaba a soñar con una hazaña igual. ¿Podría aquel limitado equipo del Napoli llegar a la cumbre del calcio? ¿Era posible para el modesto Napoli superar a los poderosos equipos del norte? Solamente sería posible si Diego desplegaba todo su talento, y allí, detrás de sus gruesa figura estábamos todos los jóvenes argentinos, empujando a esa escuadra napolitana que llevaba los mismos colores que la bandera nacional.

No había estallado la globalización, no existía internet ni había canales deportivos. La revista El Gráfico traía imágenes y reportajes exclusivos desde Italia, que leíamos y atesorábamos con devoción religiosa. Pero no era suficiente. Ahí empezaban las peripecias para conseguir el póster que nadie tenía, escribir cartas a Italia para intercambiar material con aficionados de allí, hasta que descubrimos un kiosco (solamente uno) que traía a Buenos Aires la revista Guerin Sportivo. Era carísima, pero íbamos cada semana a comprarla para tener ese material que ningún chico argentino tenía.

Aprendimos a leer en italiano gracias a esa publicación y a la necesidad de tener más de Diego, de querer estar más cerca del Napoli.

Adornábamos nuestras carpetas escolares con fotos de Guerin Sportivo, antes de “estudiar” sus páginas con muchísima más dedicación que los libros de historia y geografía. Sabíamos todo del calcio: podíamos precisar la defensa del Atalanta, decir los nombres de los 16 estadios de la Serie A, marcar al Avellino en un mapa o recordar el fixture del Empoli, el Verona o el Como. Nos transformamos en eruditos del fútbol italiano, pero especialmente del Napoli.

Cuando el primer Scudetto se hizo realidad, la mañana del 10 de mayo de 1987, “estuvimos” todos en el San Paolo, contra la Fiorentina. Lo festejamos unidos como solamente la Selección Argentina había podido juntarnos, un año antes.
Solo en mi cuarto, en ese madrugador horario de los domingos y varios años antes de empezar mi carrera en el periodismo, salté de alegría junto a los napolitanos, me arrodille junto a la cama a implorar ante el póster de Maradona, grité en cada jugada y sufrí con sudor helado hasta que el árbitro marcó el final, sabiendo que un pedazo grande de esa gloria tenía el sello argentino. La explosión de felicidad fue allá como una erupción del Vesubio... aquí, como una repetición de la gloria del 86. No existía otro tema. Terminado el partido, los vecinos salían a la calle a compartir su alegría, a enorgullecerse por el compatriota que era portador de festejos a los más humildes de Italia.

Aquel domingo, horas después, cada uno en la tribuna de su club de siempre, había un solo tema de conversación que sobrepasaba a Boca, Vélez o Newell’s Old Boys: Diego lo había hecho de nuevo. Así como nos había llenado de gloria en el estadio Azteca, él había llevado a la gloria al humilde equipo de Nápoles para ponerlo por arriba de los poderosos del calcio. Esa victoria la sentimos como propia, como el más napolitano devoto de San Genaro. La festejamos en nuestras calles bonaerenses, como si se tratase de la Gallería Umberto I, la Via San Gregorio Armeno o la zona de Fuorigrotta, donde se alza el estadio San Paolo.

No importaba la distancia en aquellos años. La felicidad venía importada de Italia gracias a Diego Maradona, cuando todos éramos del Napoli.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Extremos geográficos del fútbol sudamericano

Aquí se presentan los puntos más al sur, más al norte, más al este y más al oeste de los torneos sudamericanos de primera división y las participaciones en la Copa Libertadores.

Artículo realizado para la RSSSF.
Por PABLO ARO GERALDES

CAMPEONES DE PRIMERA DIVISIÓN
Norte: Unión Magdalena (Santa Marta, Colombia) 11°14' Lat. N - 74°11' Long. O
Sur: Huachipato (Talcahuano, Chile) 36°45' Lat. S - 73°06' Long. O
Este: Sport Recife (Recife, Brasil) 08°03' Lat. S - 34°54' Long. O
Oeste: Barcelona (Guayaquil, Ecuador [1]) 02°11' Lat. S - 79°55' Long. O
[1] El estadio Monumental, de Barcelona, está 00°02' más al oeste que el estadio Capwell, del Emelec.

PARTICIPACIONES EN PRIMERA DIVISIÓN
Norte: Unión Magdalena (Santa Marta, Colombia) 11°14' Lat. N - 74°11' Long. O
Sur: Huracán (Comodoro Rivadavia, Argentina [2]) 45°50' Lat. S - 67°29' Long. O
Este: Auto Esporte Clube y Botafogo FC (João Pessoa, Brasil [3]) 07°08' Lat. S - 34°52' Long. O
Oeste: Atlético Torino e IMI (Talara, Perú [4]) 04°34' Lat. S - 81°15' Long. O
[2] disputó el "Campeonato Nacional", que se jugaba paralelamente al Metropolitano de primera división. La Copa Argentina, que incluye a equipos aún más al sur, no se considera de primera división.
[3] ambos juegan en el estadio José Américo de Almeida Filho, llamado "Almeidão", pero Auto Eporte Clube es dueño del estadio Evandro Lélis, más conocido como "Mangabeirão", situado 00°02' más al este.
[4] ambos juegan en el estadio  "Campeonísimo".

PARTICIPACIONES EN LA COPA LIBERTADORES
Norte: Tigres UANL (Monterrey, México [5]) 25°74' Lat. N - 100°19' Long. O
Sur: Dep. Concepción y Univ. de Concepción (Concepción, Chile) 36°48' Lat. S - 73°01' Long. O
Este: Sport Recife (Recife, Brasil) 08°03' Lat. S - 34°54' Long. O
Oeste: Chivas Guadalajara (Guadalajara, México [6]) 20°40' Lat. N - 103°27' Long O.
[5] El estadio Universitario, de Tigres UANL, está más al norte que el estadio Tecnológico, del Monterrey. 
[6] El estadio Omnilife, de Chivas, está más al oeste que el estadio Tres de Marzo, de Estudiantes Tecos.

Contando solamente a Sudamérica:
Norte: Unión Magdalena (Santa Marta, Colombia) 11°14' Lat. N - 74°11' Long. O
Oeste: Atlético Torino (Talara, Perú) 04°35' Lat. S - 81°15' Long. O

martes, 1 de noviembre de 2016

Argenchinos

Inmigración asiática a la Argentina, simpatías despertadas en el lejano oriente por la celeste y blanca o simple amor desde las antípodas, no son pocas las imágenes que unen a los hinchas de China, Japón y Corea con el fútbol más argento:




¿Entrenando con la celeste y blanca?

Imperdible: el video del chino que interpreta "La mano de Dios", de Rodrigo: